In Big Data, Ciberseguridad, ECONOMICA DIGITAL, Internet de las Cosas, Protección de Datos

Suelo mencionar en mis exposiciones, charlas y formaciones sobre protección de datos y ciberseguridad, un símil con respecto al concepto abstracto de Big Data, comparándolo con un silo lleno de granos de cereal -cada uno con una dosis de información- que está en estado silente, hasta que una técnica algorítmica selecciona, filtra, singulariza e incluso identifica aquellos que quiere sacar de ahí. Esa información pasa entonces de ser silente a importante. Es el momento en el que los mecanismos de protección de la privacidad de esa información tienen que entrar a jugar su papel.

 

Todos los días podemos leer, observar y escuchar noticias sobre el Big Data, un concepto que cada vez más a medida vertiginosa se va metiendo en el lenguaje de toda organización, ya se grande, mediana, o pequeña.

Desde luego que el Big Data ofrece una serie de ventajas que lo hace, hoy por hoy, apetecible para encontrar resultados operativos provechosos, y no solo, desde luego, de índole comercial.

El Big Data como técnica en nuestra economía digital es algo que forma ya parte fundamental de ella y que es y será usada cada vez más por las empresas e instituciones en todos los sectores posibles.

El dato, suelo decir, es el patrón oro en nuestra actualidad. Forma parte, en verdad, del valor de una empresa, tanto o más que su know-how, o su capital humano. Forma parte, desde luego, del interés de instituciones oficiales, y es el índice para determinar actuaciones o medidas legislativas a nivel local o internacional. Nunca mejor dicho el típico tópico de que “la información es poder”.

El Big Data en sí mismo, como volumen masivo de datos almacenados, no genera per se daños a la privacidad. Quiero decir con ello que, la mejor manera de no encontrar un dato es incluirlo en una masificación de datos. Sin embargo, las técnicas de utilización, segmentación o singularización de esta ingente cantidad de información son las que pueden crear injerencias a los derechos de privacidad y anonimato.

  • El Big data unido al Internet de las cosas (IoT) puede facilitar la vida diaria de una manera más cómoda a las personas – les reduce el tiempo usado– el bien intangible más preciado – en tareas comunes de elección y selección de opciones, gustos, actividades, etc., que podrían dedicarlo a otras áreas personales. En una economía digital, se está comprobando que los servicios estrellas son los que proporcionan inmediatez y comodidad al usuario. Crear p.ej. la mejor oferta sanitaria, la mejor opción de vacaciones, o los mejores servicios profesionales, en función de parámetros que el usuario ha indicado a través de los canales de IoT, redes sociales, webs, etc. parecería perfecto y ventajoso.
  • Por tanto, la empresa puede crear nuevos productos, fidelizarclientes, tomar decisiones comerciales más acertadas, o asentar estrategias multicanal para los clientes. Y en el sector financiero, elaborar perfiles de seguridad crediticia en la financiación a los clientes, aumentando la seguridad de sus operaciones.
  • El Big data puede y debe ayudar a la económica de la que forma parte; a tomar decisiones comerciales más acertadas con uso de medios más rápidos con el análisis de datos, a las entidades financieras a evitar casos de riesgos, y desde luego a identificar servicios o actividades que los usuarios a través de sus indicaciones hacen denotar que son necesarios poner en marcha tanto por la economía privada como por las instituciones oficiales.

Pero el Big Data también denota inconvenientes a solventar.

Hay que aplicar los principios recogidos en la regulación sobre protección de datos para respectar la privacidad de la persona – que es un derecho intangible fundamental-.

El principio de la finalidad y el principio de minimización de los datos deben ser aplicados, respetando la sensibilización de los datos del usuario y la voluntad de éste a que estos datos sean tratados. Si el tratamiento de datos de forma masiva con elaboración de perfiles debiera servir para facilitar la vida de las personas. La vulnerabilidad del consentimiento, la vulnerabilidad del anonimato no querido, o la intromisión invasiva comercial va en contra de los primero.

La publicidad o toma de decisiones de terceros sobre la persona basada en un tracking de su comportamiento a través de la navegación on line o a través de técnicas de geolocalización debe respetar en todo momento los derechos de protección de datos de las personas físicas. Debe haber un interés legítimo de la entidad que lo realiza, debe haber una información al usuario en un estadio previo a que surja cualquier efecto sobre la persona resultante ese tratamiento, y debe contar antes del efecto jurídico, social, económico, etc., con su consentimiento.

Las personas no pueden verse afectadas por la toma de decisiones o realización de perfiles que implican decisiones de terceros sobre ellos que les afectan social, jurídica o económica sin que ellos mismos sean conscientes.

El legislador debe poner empeño en avanzar las medidas no solo necesarias, sino innovadoras, para que esta herramienta técnica se desarrolle en el mejor marco posible dentro de una tecnología que avanza vertiginosamente más rápida cada día.

 

© Rafael Peñas

Legal | Fiscal | Protección de Datos

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